Tiempo de pausa. El receso estival del rugby europeo representa para los jugadores tucumanos, como Rómulo Acosta, la oportunidad ideal de volver a las fuentes, de reencontrarse con los afectos, de abrevar en esa tucumanidad que añoran desde el otro lado del Atlántico, donde no existen las achilatas ni los panchuques.

Ya pasó más de un año y medio desde su mudanza a Europa. Cada reencuentro con el tercer mundo, por ende, no puede menos que generar cierto impacto en el pilar de Benetton Treviso, uno de los equipo más competitivos de Italia.

“Allá es todo más organizado, hay más seguridad y otro nivel de vida, sin dudas. Pero acá también hay muchas cosas buenas. Está mi familia, mi club, mis amigos. Allá se hace difícil a veces estar solo. Pero por suerte, hay un grupo de tucumanos, entre los que están Joaquín Riera y Ezequiel Cortés (otros “rojos” que se mudaron a Italia) con los que me puedo juntar y hablar en tucumano. Porque la verdad es que, aunque ya me haya adaptado bastante, sigo siendo un tucumano en Italia, ja ja”, reconoce el primera línea, cuya vida de profesional apenas le deja tiempo libre. “Pero apenas puedo, me doy una escapada a algún lugar. Está todo cerca, y encima vivo a media hora de Venecia, que era lo que más soñaba conocer”, destaca.

Una vida diferente

Algo a lo que debió adaptarse Rómulo fue a las reglas rígidas del profesionalismo, sobre todo en un equipo que compite en dos torneos de alta exigencia como la Liga Celta y la Heineken Cup.

“Te meten multa por todo. Si llegás un minuto tarde, multa. Si entrás al gimnasio con el celular, o te suena durante una charla, multa. Te vas del gimnasio sin descargar las barras que usaste, multa. No es mucho lo que tenés que pagar, pero de a poquito se va sintiendo. Y una vez que me dormí y llegué tarde, tuve que pagar 50 euros”, se ríe Rómulo, quien hace poco debió pagar una sanción que no le hizo ninguna gracia, luego de ser expulsado por golpear a un rival: seis semanas afuera.

“El equipo estaba en un momento muy malo. Veníamos de comernos una goleada con Northampton y ese día estábamos perdiendo por mucho con Edimburgo. Un rival me hizo burlas y yo, que ya venía caliente, lo emboqué. Se me salió la cadena. Después le pedí disculpas al entrenador y a mis compañeros. Me dio bronca porque venía jugando con regularidad y por ese error me perdí varios partidos”, lamenta Rómulo, que a sus 22 años prefiere enterrar el pasado y mirar hacia adelante: “mi idea es seguir en Europa. Estoy muy bien allá, es un rugby que me gusta y ya me convocaron para Italia Emergenti, que serían como los Jaguares italianos. Si algún día me conviene, volveré. Pero por ahora me siento bien donde estoy”.